miércoles, 9 de noviembre de 2011

Jugaremos con las mismas cartas.



Bienvenidos al espectácculo. Damas y capullos cierren los oídos y tápense los ojos. Todo esto va como una cosa loca, sin control. Dicen que en este tablero hay una serie de reglas, pero yo veo que las fichas se mueven como les da la puta gana. Según alguien que seguramente se dedicaba a ver películas americanas de navidad en las que todo el mundo es bueno, les pasan cosas buenas, eran felices y comían patos, toda acción tenia una repercusión. Y, no. Esa no es la realidad. La realidad es saber que las normas no existen. Que alguien porque se esfuerce no siempre va a tener su beneficio. Que una persona buena no le van a tener que pasar cosas buenas por obligación, y viceversa. Que no te confundas compañera, que aquí todo vale. No salves el puto culo de alguien, porque seguramente los demás nunca salven el tuyo; y si lo encuentras no lo dejes escapar, aunque va a ser difícil. Vivimos en un mundo en el que las personas sólo piensan en ellos mismos y después, en ellos, y más tarde en ellos otra vez. Y si luego les da por ahí, puede que se preocupen del perro de la vecina.
Porque amor, las reglas no están escritas, pero tú, puedes cambiarlas. Porque yo ya no dependo de nadie. Porque el mundo es feo y malo, pero le miro a la cara como todos los días. Porque, si aquí nada es justo, yo seré injusta. Si son unos cabrones, a mí a eso nadie me gana. Si quieren que juguemos, jugaremos, con las mismas cartas.

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