lunes, 14 de noviembre de 2011


Aunque hace bastante frío me levanto con más energía que nunca, me visto, desayuno algo y salgo disparada por la puerta.
Justo, ni un minuto más ni uno menos, él está ahí. No se da cuenta que he llegado y sigue peinándose el flequillo en un espejo retrovisor de un Seat. Me acerco poco a poco sin que se inmute, y le tapo los ojos con mis manos.
- ¿Quién soy?- Le pregunté divertida.
- Mmm... déjame que piense. - Dijo haciéndose el tonto.
-Tienes tres oportunidades. -Dije sin pensar.
- Ya sé, eres la simpática vendedora de fruta, la que ayer me dedicó esa sonrisa tan bonita. - Dijo convencido.
- ¡Idiota! - Dije mientras quitaba bruscamente mis manos de sus ojos y fingí que estaba enfadada.
- Venga tonta, ¿creías que lo decía en serio? - Dijo mientras se reía.
Me quitó el pelo y me cogió cariñosamente de la cara y me besó lentamente; me montó en su moto, no quise contestarle, me dejé llevar por la situación y no me bajé de la moto. Hoy solo quería pasar un perfecto día de mi vida con él, lo más importante de esta.

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